opinion: Tu pasión… Tú gasolina

Lizzette Diaz

 

Hace poco durante las clases que acabamos de iniciar del tercer ciclo de Latinwe, una de las estudiantes que me conoce desde hace mucho tiempo me preguntaba: ¿cómo haces para mantenerte tan activa todo el día? ¿A qué hora duermes? ¿Tú nunca descansas?

No es la primera vez que me hacen esta clase de preguntas, por lo general la gente piensa que trabajo 24 horas al día/7 días a la semana y la cosa tampoco es tan crítica, aunque les confieso que no me molestaría. La verdad es que cuando te apasiona lo que haces, tu gasolina no se acaba, así que terminas trabajando mucho, pero sin el agotador estrés y amargura que te genera hacer lo que no te gusta.

Siempre me he considerado una persona afortunada, pues he tenido la oportunidad de vivir de mi profesión toda mi vida. ¿Qué hay de extraordinario con eso? Bueno que mucha gente vive también de su profesión hasta el día que se retira, pero no todo el mundo ama lo que hace y esa es la gran diferencia. Encontrar tu misión de vida, alineada con lo que te permite ganar dinero, es una gran bendición que no todo el mundo tiene, así que cuando esos dos maravillosos aspectos de tu vida se juntan, entonces podrás trabajar sin cansancio todo el tiempo porque realmente disfrutas lo que haces. ¿Cómo saberlo? Simplemente cierra los ojos y pregúntate honestamente, si serías capaz de hacer tu trabajo sin recibir un solo centavo a cambio. ¿Si la respuesta es sí? ¡Voila! Entonces ya llegaste. No hay nada que llene más a tu alma y espíritu que lo que amas hacer.

Una de las frases clichés que suelen usarse durante los seminarios de superación personal a los que he asistido es: “el ser humano tiene dos momentos supremamente importantes en su vida: el día que nace y el día que descubre su misión” y aunque trillado, lo cierto es que encontrar ese objetivo puede llevarte toda tu existencia y todavía morir sin saber para qué viniste a este mundo.

Hoy en día y luego de años de reflexionar sobre el tema, haciéndome ésta y otra clase de preguntas existenciales, las cuales me hacían pasar largas noches en vela, he podido descubrir esa misión que me llena tanto, que me motiva y me levanta todos los días: servir.

La gente que me conoce sabe que soy una máquina ambulante llena de ideas -la mayoría de las cuales termino cristalizando, para bien o para mal (creo que no me voy a morir con las ganas de haber hecho todo lo que se me ha ocurrido-. Sin embargo, la diferencia entre la Lizzette de hace unos cuatro años a la de ahora, es que para que esas ideas se cristalicen me tienen que llenar de paz. Hace algunos años lo primero en lo que pensaba era si me iban a generar dinero y ciertamente así lo era, el punto era que muchas de esas actividades lo único que me dejaban era dinero, pero un profundo vacío que no podía llenar. Era extremadamente dura conmigo misma, porque íntimamente sabía que me estaba traicionado, pero eso ha cambiado, pues además de dinero, cada vez que pienso en una nueva idea lo primero que me pregunto es si eso está alineado con mi propósito para poder actuar.

De esta manera las cosas han cambiado diametralmente. El dinero definitivamente se convierte en una prioridad en la vida de cualquier ser humano, pues sin él sencillamente no funcionamos, pero hay que buscarlo de una manera distinta, encontrando esas actividades que disfrutamos, para las que fuimos creado y las que además del bolsillo, nos llenen el espíritu.

Una vez comiencen a experimentar el gozo que te deja tu actividad laboral, no te detendrás a pensar en el tiempo, porque las horas pasarán volando. “Que tu sueño no te deje dormir” suelen decir en las reuniones de multiniveles y es cierto. Cuando tu sueño te trasnocha, es porque sientes tanga pasión por lo que quieres conseguir, que le faltarán horas a tu día para trabajar duro para lograrlo. Antes de que finalice el año te invito a que pienses profundamente en cuál es ese sueño por el que trabajarías sin descanso; qué es lo que te motiva a seguir adelante; de dónde viene tu gasolina para no parar de hacer lo que amas. Es muy importante, ayudar a nuestros hijos a que ellos también encuentren su propia gasolina y que sean seres felices, amando lo que hacen.

Como dijo Oscar D’León durante la rueda de prensa que ofreció en Houston recientemente en el marco del Viva Venezuela Fest, donde celebró 46 años de vida artística “a mis 75 años de edad vivo pensando en la música, soñando con ella y creando todo el tiempo, porque la música es la que me mantiene vivo, sano y feliz”.

 

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