Vivimos en un mundo que halaga el perfeccionismo, cuerpos perfectos, carreras profesionales perfectas, padres y/o parejas perfectas…todo nos lleva a pensar que el perfeccionismo es un bien deseado y que alcanzarlo debe ser nuestra meta a como dé lugar. Estamos en una pandemia del perfeccionismo.

Responde a las siguientes preguntas, con la mayor honestidad posible para saber si fuiste contagiado:

  • ¿Piensas que siempre puedes mejorar lo que estás haciendo o lo que ya terminaste?
  • ¿Te sientes tenso o preocupado constantemente cuando te equivocas o ante la posibilidad de cometer un error?
  • ¿Te preocupa excesivamente la opinión de los demás?
  • ¿Pospones las actividades o situaciones que te cuestan trabajo o en las que no estás seguro de tener éxito?
  • ¿Revisas varias veces algo que ya terminaste?

Si respondiste SI a la mayoría de estas preguntas, has caído irremediablemente en esta carrera sin control y estas arriesgando tu salud física y emocional, que en un momento u otro terminara pasándote factura.

Los perfeccionistas tienden a decir “Yo no soy perfeccionista, solo me gusta hacer las cosas bien”. Pero existe una enorme diferencia entre “querer” hacer las cosas bien y “tener” que hacerlas bien. Cuando te auto-exiges perfección, no solo sufres tú, sino sufren todos aquellos quienes te rodean, porque nunca es suficiente, siempre nos exigimos y les exigimos más de la cuenta.

Si quieres vacunarte contra el perfeccionismo aquí hay cuatro estrategias que pueden funcionar para ti:

  1. Revisa tus niveles de exigencia: Recuérdate constantemente que eres humano y como tal no eres infalible y los errores son un hecho de la vida que siempre serán una oportunidad de aprendizaje.
  2. Aprende a delegar: Ya sea en el ámbito laboral o familiar, suelta el control, permítele a los otros que tomen acción y responsabilidad de sus conductas. Confía en los demás, quizás te lleves una agradable sorpresa.
  3. Lo hecho es mejor que lo perfecto: Toma acción ya. No des tantas vueltas para ejecutar tus proyectos. Avanza y espera siempre el mejor resultado. Construye un diálogo interno positivo alrededor de tus metas.
  4. Mira la vida en colores: Los perfeccionistas sufren del síndrome del blanco y negro y ven todas las cosas en los extremos. Aprende a discriminar los matices que tiene cada experiencia y ábrete a la maravillosa posibilidad de disfrutar de ser conscientemente imperfecto.

Dayin Santamaria

Psicoterapeuta y Counselor

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