Cada persona habla desde su propia perspectiva

Hace pocos días me llegó este post, a simple vista divertido, pero con una profundidad increíble. En mi caso, me ha puesto a reflexionar sobre lo difícil que me resulta entender que, aunque las personas piensen diferente a mi no las hace mis enemigas. Qué difícil es comprender este principio, es una lección que repruebo todos los días, tengo que confesar, que hago de tripas corazón para no enfrascarme en una discusión cuando alguien piensa diferente a mí, es algo que definitivamente me sigue costando mucho trabajo entender y aceptar. Pensar que los puntos de vista distintos a los nuestros lejos de atacarnos nos edifican porque nos permiten tener una perspectiva diferente de las cosas a los que nos enfrentamos en nuestro diario vivir, es un reto que enfrento todos los días.

Siempre he sido una persona muy terca -para bien o para mal- y cuando me encuentro con alguien que simplemente tiene una opinión distinta a la mía, he tenido que aprender a callar y escuchar, sin sentirme atacada, porque realmente no es así. Todos tenemos una manera distinta de ver las cosas y actuar frente a ellas, el chiste es cómo hacer para que eso que hacen los demás, no nos afecte emocionalmente y nos permita ver los toros desde la barrera. Admiro profundamente la gente que nació con ese don increíble de escuchar y aceptar, algo que he ido mejorando con el paso de los años, con la experiencia y quizás la llegada de la madurez.

No cabe duda de que escuchar con imparcialidad, te puede ofrecer un panorama más claro en cualquier situación a la que te enfrentes, ponerte en los zapatos ajenos no es fácil, especialmente si te victimizas con lo que está pasando y crees tener la razón en todo lo que haces o dices. No hay duda, cada circunstancia tiene dos caras: la tuya y la del otro, ¿entonces porqué molestarnos por lo que el otro está viendo? Una lección que hay que practicar a diario, para podernos llenar de sabiduría y discernir, sin pelear, ni molestarnos. La comunicación es quizás uno de los grandes regalos que Dios nos dio a los seres humanos, sin embargo, somos tan malos comunicándonos. Quizás por no ofender al otro, por no herir los sentimientos de los demás, por no llevar la contraria o por no expresar nuestros puntos de vista de una manera clara es que se generan tantas confusiones, malos entendidos, resentimientos y odios, pero eso podría generarse porque no tenemos la madurez para aceptar que los otros también tienen derecho a tener sus propios juicios y perspectivas y que no siempre van a coincidir con los nuestros, seguramente, equivocados algunas veces.

Aprender a respetar las opiniones del otro, debería ser el reto que debamos asumir diariamente, de pronto así nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza y decepciones que van dejando profundas huellas en nuestros corazones. ¡No hay que tomarse las cosas personales! Eso lo escucho con frecuencia, fácil decirlo, difícil aplicarlo, pero sin duda un gran remedio para los momentos complicados que amenazan nuestra paz mental,  muchas veces llenos de razones equivocadas, simplemente porque no aceptamos que los otros también son seres racionales y humanos, tan predispuestos a equivocarse o acertar, como nosotros mismos.

Una bella reflexión para empezar esta semana que, estoy segura, será exitosa para todos.

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