Las vueltas que da la vida

Lizzette Diaz

No cabe duda de que uno debe aprender a actuar con cuidado y mucho tacto, porque a medida que pasan los años la vida comienza a pasar las facturas y algunas se vuelven imposibles de pagar.

De los errores aprendemos y gracias a ellos logramos la madurez, pero como digo en mi libro Felizmente Cuarentona, si todo lo que sabemos ahora lo tuviéramos claro a los 20 o a los 30, cuántos dolores de cabeza nos ahorraríamos, pero ni modo, la vida es como es.

Este fin de semana que tuvimos la oportunidad de traer al humorista Joselo a Houston, pude comprobar una vez más que nada en la vida es estático, que todo se mueve, que todo evoluciona, que mientras respiremos tenemos que estar listos para los cambios que se puedan presentar, positivos o negativos, nunca sabremos, porque resulta que toda acción genera una consecuencia y es allí donde nos tendríamos que detenernos para pensar.

En el caso de Joselo me dio mucho gusto ver cómo la vida lo ha recompensado con creces. A este humorista barranquillero lo conozco desde hace más de 20 años, cuando comenzaba a tocar puertas para que le dieran una oportunidad. En esos momentos yo era la directora y presentadora de La Rockola, un popular programa de televisión que se transmitía los sábados en la tarde por Telecaribe (canal regional). Un amigo en común me lo presentó y ahi hizo algunas intervenciones, mientras alternaba con algunos programas de radio locales, donde poco a poco fue ganando popularidad. Su chispa, su originalidad y sus apuntes certeros, pero más que eso su gran calidad humana y su humildad, hicieron que con el paso de los años Joselo se convirtiera en lo que hoy es: uno de los humoristas más populares del país, con miles de seguidores en sus redes sociales, pero lo que más me llamó la atención es que sigue siendo profundamente humilde y humano, que lindo saber que la gente aun cuando pasa el tiempo y el éxito lo arrope, conservan sus principios y siguen siendo inmensamente agradecidos.

Joselo me hizo recordar que la vida da muchas vueltas, que hoy puedes estar abajo y mañana arriba y que cuando te trepas en la cúspide del éxito no puedes olvidar de dónde vienes, ni de lo que eres, por que nuevamente te podrías llevar una sorpresa y de un momento a otro volver a estar abajo. Cada vez que reflexiono sobre el asunto me doy cuenta de cuan vulnerables somos los seres humanos. No podemos andar por ahí creyéndonos que somos “la última Coca Cola del desierto”, al contrario, si tenemos la oportunidad, desde una posición privilegiada, de ayudar a los demás y echarle una mano a la gente, entonces estaríamos siendo coherentes con el propósito de vida que se nos ha encomendado.

Muchas veces pienso en cómo ha sido mi vida y me descubro a mi misma dando vueltas sin parar en este baile. Con mis aciertos y errores, ahora soy más consciente que nunca, que es muy importante actuar pausado. Nunca dejaremos de equivocarnos, pero deberíamos ser más cautelosos en emitir juicios prematuros, en señalar, en juzgar y en tomar decisiones, una tarea nada fácil, porque en medio de esta debilidad humana, intentar ser mejores seres humanos se convierte en un reto diario.

Ahora que estamos en plena Navidad, cuando el año está a punto de finalizar e iniciamos una especie de recuento de lo que nos ha dado el 2018 y cómo prepararnos para recibir el 2019, reflexionar en lo que estamos haciendo en estos momento o en lo que hemos hecho, podría ser una linda tarea durante este mes de adviento. Nunca olvidemos que la vida da muchas vueltas, que todo lo que hacemos genera una consecuencia, que cada acto soberbio ocasiona un daño en el otro, que actuar precipitadamente nos puede generar muchos dolores de cabeza y que el orgullo y la falta de humildad son los peores enemigos del ego. Recordemos que nuestro baile puede estar lleno de tropezones y que la gloria o el infierno se viven en la tierra. Buen dia!

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