La clave está en el aburrimiento

POR ISMAEL CALA

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La gran cantante cubana Elena Burke popularizó un bolero que decía: “Aburrida / así, sin penas ni glorias recorrí la trayectoria de mi casa a la oficina / aburrida…”. Estos versos vinieron a mi mente al escuchar muchas veces, durante esta pandemia, mil quejas sobre el aburrimiento. Y también disímiles ideas para hacer más llevadera la cuarentena, como la coreografía viral de Fito Páez y sus hijos.

A todos nos ha costado entender el momento. Las primeras semanas del aislamiento fueron difíciles. Hubo frustración, rabia, ansiedad y duda ante lo desconocido. Estábamos en shock. Pero, entonces, empezamos a recordar las herramientas aprendidas para fluir con el momento, fluir para no sufrir. Resiliencia en estado puro, pero también flexibilidad y creatividad, dos temas implícitos en mis once principios del líder bambú.

Así, descubrí el valor del aburrimiento, cuestión a la que, honestamente, me resistí durante mucho tiempo. Un amigo siempre me animaba: “pasa más tiempo mirando el techo, sin hacer nada. No te obligues a ocupar todo el tiempo en cosas concretas”. Y la verdad es que tenía razón.

La psicóloga Sandi Mann, autora del libro “El arte de saber aburrirse”, lo tiene claro: el primer fuego lo hizo alguien aburrido.

En su opinión, los progresos y descubrimientos de la humanidad se deben al aburrimiento. “El cerebro que se aburre, espabila para salir del aburrimiento: se obliga a hacer algo distinto, excitante. El aburrimiento es fértil”, dijo Mann en declaraciones a la prensa.

En todo este tiempo he encontrado tranquilidad para reinventarme, sustituir experiencias y crear nuevos proyectos que pronto verán la luz. E incluso para amar algunos rinconcitos de mi casa, apenas visitados por tanto viaje.

No todo está dicho al respecto, por lo que deberíamos seguir estudiando sus efectos en todos los órdenes. Me encanta la propuesta el escritor Fernando Aramburu sobre el trabajo emocional y educativo con niños y adolescentes, un tema prioritario para la Fundación Ismael Cala: “Las autoridades educativas harían bien en introducir clases de soledad en los colegios. Aprender a estar a solas y en silencio con los propios pensamientos es un arte que no todo el mundo domina. El aburrimiento es un regalo de la naturaleza que permite a los seres humanos crearse un mundo interior propio con el cual vencer, mire usted por dónde, el propio aburrimiento”.

Ahora que lo sabemos, ¡dejemos tiempo para aburrirnos!

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¿Qué hacemos con el Coliseo de Roma?

POR ISMAEL CALA

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Hace unos años, el autoproclamado Estado Islámico (ISIS) arremetió contra el patrimonio cultural de Siria y voló por los aires lugares de gran valor, relacionados con el Imperio Romano. Para el historiador Christopher Jones, de la Universidad de Columbia, ISIS pretendía “reescribir la historia”.

Nadie en su sano juicio defiende los excesos de la conquista romana, ni mucho menos responsabiliza a Italia por los siglos de dominación. Lo sensato es valorar la historia, con sus luces y sombras, aprender del pasado y dejar de victimizarnos a través de estatuas o monumentos.

El victimismo es una pesada mochila que nos impide avanzar. Hay víctimas y victimarios, pero el gran salto de la vida implica ser proactivos en las reivindicaciones y soltar la carga, ir ligeros para salir adelante.

Por ello, las reacciones contra estatuas de Colón o Churchill son difícilmente entendibles, por poner un par de ejemplos. Ambos personajes no son santos ni diablos, pero su relevancia es indiscutible para la historia de la Humanidad. ¿Bajo qué preceptos se deciden algunas demoliciones? ¿Qué períodos están disponibles para vandalizar? ¿Quién lo decide?

Muchas veces he tenido el placer de viajar a imponentes monumentos precolombinos en Tulum, Teotihuacán, Guatemala o Machu Picchu. ¿Visitarlos —o mantenerlos en pie— significa aplaudir sus antiguas prácticas?

¿Y qué hacemos entonces con el Coliseo de Roma, escenario de una crueldad sin límites, o con la célebre Columna de Trajano?

Las guerras del emperador Trajano provocaron matanzas horrendas y centenares de miles de esclavos, según los historiadores. Además, ¡diez mil gladiadores murieron en los espectáculos del Coliseo para “celebrar” sus victorias militares!

Hoy vivimos un momento clave para el mundo. La discriminación racial, la xenofobia y la ausencia de oportunidades generan una indignación legítima, que debe ser escuchada por los gobernantes y por toda la sociedad.

Las reclamaciones deben ser totalmente pacíficas y coherentes. En Estados Unidos, sin embargo, algunas organizaciones convocantes tienen una larga y demostrada relación con Nicolás Maduro. Y, aunque Venezuela tampoco puede respirar, nos les ha temblado la mano para defender públicamente la barbarie chavista.

Sus motivos (ocultos) no deben amilanarnos en nuestros deseos de un mundo sin racismo. Lo que verdaderamente importa es nuestra actitud frente a los hechos. Y la educación, que es fundamental para extraer lecciones de la Historia.

Los antiguos imperios (europeos o precolombinos) son el reflejo de una época. Que no se repita la tragedia depende de nosotros, y no de las estatuas.

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¿Tolerancia o aceptación?

POR ISMAEL CALA

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La cantante Olga Tañón presentó recientemente el video “Alexa”, dedicado a una mujer transgénero asesinada en Puerto Rico. En el trabajo participan Ricky Martin, Luis Fonsi, Elvis Crespo, Manny Manuel, Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuelle, Jean Carlos Canela, Carlos Ponce y otros.

Su mensaje habla de tolerancia frente al odio, la discriminación y el racismo. En mi columna anterior, también utilicé el término tolerancia, pero hoy quiero rectificarlo, añadirle matices y sustituirlo por aceptación.

La RAE recoge que tolerancia es el “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”; mientras que aceptación es “aprobación”.

El debate no es exactamente lingüístico, porque respetar no es suficiente para generar un estado de conciencia global. Si alguien respeta a las personas de raza negra —porque no las agrede física o verbalmente, ni las discrimina a la hora de atenderlas—, pero jamás aceptaría que sus hijos se casaran con ellas, o piensa que son menos inteligentes, entonces seguimos teniendo un grave problema.

Aprobación tampoco nos sirve. ¿Quiénes somos para aprobar a otros por su color de piel, orientación sexual o lugar de origen?

En algunos países existen las llamadas “zonas de tolerancia” para la práctica abierta de la prostitución. Sin embargo, esto no implica que sea aceptada. Más bien es marginada, empujada hacia lugares específicos donde se ve menos. Mi análisis no busca posicionarse sobre la prostitución. La única que no es ni tolerable ni aceptable es la que afecta a menores o mujeres (y también a hombres) explotados por otros. Ellos son simplemente víctimas.

Las diferencias entre tolerancia y aceptación se ilustran cada día en la situación de inmigrantes, personas no-blancas, comunidad LGBTI+, mujeres y otras minorías, en muchas partes del mundo.

En mi opinión, la tolerancia coloca a quien la proclama en una posición de supuesta superioridad moral. El tolerante decide cómo, cuándo y a quién. Se guarda sus reservas, pero no las soluciona, no vive en paz: “Tengo amigos negros, pero no quiero que mis hijos se casen con negros”, diría.

En cambio, aceptar es fluir con los acontecimientos, entender todas las realidades, sin lucha, en equilibrio, vivir y dejar vivir. ¿Hay límites? Por supuesto. Quien tenga dudas de hasta dónde llegar, en su infinita aceptación de los demás, solo debe releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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Si el mundo no puede respirar, ¡seamos oxígeno!_

POR ISMAEL CALA

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En medio de una pandemia mundial, el odio, la intolerancia y el racismo queda retratado ante nuestros ojos como un virus latente.

“No puedo respirar” es una frase que hemos escuchado muchas veces este año, desde el inicio de la crisis del Covid-19. ¿Seremos capaces de entender el mensaje?

Un estudio de la Universidad Rutgers, de Nueva Jersey, asegura que en Estados Unidos las posibilidades de que un ciudadano negro muera a manos de la policía son 2,5 superiores a las que tienen los ciudadanos blancos. ¿Por qué?

La ignorancia es un arma que arrastra vidas y las ahoga contra el piso hasta dejarlas sin aliento. La discriminación es un acto de rechazo al propio ser. La vergüenza u odio que sentimos por el otro, no es más que el espejo de la propia vida interna.

Este tiempo nos obliga a entender la importancia y el valor de respirar. Respirar para amar, perdonar, entender, tolerar y descubrir quiénes somos.

¡El virus que nos quita el aliento es invisible! Puede estar en todas partes: en las manos, en los asientos, en los lugares públicos, pero también en policías o en manifestantes violentos.

Las protestas se producen sin cesar en todo Estados Unidos. Mi admirada Oprah Winfrey resume el sentimiento del país de la mejor manera posible: “George Floyd, hablamos sobre tu nombre. Pero esta vez no dejaremos que tu nombre sea solo un hashtag. ¡Tu alma se levantará por el llanto de todos los que pedimos justicia en tu nombre!”.

Respira y deja respirar al otro. La muerte, el virus, el odio, la guerra y la enfermedad son invisibles, pero hagámonos invencibles desde el amor. ¡Que el movimiento para sanar comience en nosotros mismos!

Y dejar respirar al otro también significa respetar las normas de convivencia. Sin leyes, volvemos a la selva. Hay que condenar a los saboteadores que se infiltran en las manifestaciones pacíficas para provocar el caos. Violencia engendra más violencia.

“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, dijo el maestro de la paz, Mahatma Gandhi. Por ello, el grito de justicia debe ser pacífico y amoroso. Solo el amor puede cambiar al ser humano.

 

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“Uno somos todos y todos somos uno”

POR ISMAEL CALA

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“Uno somos todos y todos somos uno”. Así me dijo José Luis Rodríguez El Puma en una entrevista, hace unos días, para referirse a las lecciones que deja el Covid-19 para la raza humana.

El Puma es todo un “maestro de las cuarentenas”. Antes, durante y después de su doble trasplante de pulmón, él pasó largas temporadas aislado en su casa, acompañado de su esposa y del salvador Glutadose. Es decir que, en estos temas, mientras nosotros íbamos, ya él estaba de regreso, como expresa un viejo refrán sobre la experiencia.

Según el ídolo de las Américas, la crisis del Covid-19 afecta al planeta entero: “Uno somos todos, y todos somos uno. Cuando yo te miro, me veo a mí mismo. Estamos despertando esa conciencia de unidad, que no la teníamos. Todo sucede para bien. Y aunque algunos no lo crean, es para mejorar nosotros”.

Las enseñanzas de la crisis son múltiples: humanas, tecnológicas, laborales, educativas, sanitarias… Entre tanta tragedia, todos hemos descubierto alguna experiencia positiva, fuese por necesidad absoluta o simplemente como fruto del largo tiempo de reflexión sostenido.

“Un pequeño virus ha desordenado toda la Tierra”, observa El Puma, pero admite que “el tiempo es de Dios”, no suyo. “Yo aprendí una gran lección: Quédate tranquilo. Cuando veas que todo está revuelto, quédate quieto. No hagas nada. Eso sí, visualiza tus sueños, porque algún día eso va a suceder. Lo que me gusta de todo esto es la lección humana que estamos recibiendo”.

“Recomendaría tener un plan, una disciplina, un método”, explica José Luis, ahora convertido en el mejor coach posible para estos tiempos.

Entonces, recordé mi vida reciente, prácticamente de avión en avión, hace solo tres meses. Y de pronto me vi enclaustrado, atado a las videollamadas y evitando entregarme a fondo a las plataformas de streaming. Siempre he afirmado que el cambio es alegría, y esta vez no será la excepción.

Cada crisis genera una oportunidad de resurgimiento y reinvención, y nos traslada a un lugar mejor que el de antes. Estos días nos han obligado a repensarnos, a adoptar decisiones complejas sobre el mundo que viene. Pero, como dijera el genial Albert Einstein, “la mente que se abre a una nueva idea, nunca vuelve a su tamaño original”.

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Listo para cambiar?

POR ISMAEL CALA

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Al estudiar la obra de John Maxwell, la máxima autoridad en el mundo del liderazgo, comprendí mejor la relación entre obstáculos y oportunidades, de la cual ya tenía nociones. Más tarde, la vida nos juntó a ambos en proyectos de formación y pude continuar aprendiendo, constatando y compartiendo sus enseñanzas.

Con un lenguaje directo y empoderador, Maxwell nos recuerda que la tentación de todos es enfocarnos en cambiar las circunstancias. Sin embargo, en realidad, debemos enfocarnos en cambiar nosotros mismos. Por ejemplo, en medio del Covid-19, que dejará a su paso un mundo completamente distinto, muchas personas están concentradas en el mundo exterior, en lugar de trabajar en su mundo interior.

Ahora, como en cualquier escenario de grandes obstáculos, lo que realmente necesitamos cambiar es nuestra manera de pensar. Si pensamos correctamente, todo lo demás se desarrollará correctamente.

Hoy recuerdo a Maxwell por la extraordinaria vigencia de sus ideas. Uno de los cursos online más populares de nuestra plataforma www.Cala.Academy es precisamente el que compartimos John y yo, bajo el nombre de “Convirtiendo obstáculos en oportunidades”.

Solo en Estados Unidos, la pandemia ha destruido unos 36 millones de empleos. Muchos afectados reciben un subsidio temporal, que apenas les permite sobrevivir, pero, ¿cómo van a transformar su realidad? Ahora lo urgente es cambiar para la etapa que viene. Cambiar nosotros.

Los expertos en recursos humanos consideran que los perfiles más necesarios en la era post Covid-19 estarán en las áreas de transformación digital, nuevos negocios y ciberseguridad, entre otros. Todos ellos precisan de formación altamente calificada. ¿Nos hemos preparado para asumir el reto? ¿Estamos en el camino?

Hay también otros empleos en los que podrán insertarse millones de personas. Por ejemplo, un ranking de la multinacional Adecco estima que los 15 perfiles más demandados durante la crisis, y que seguirán siendo importantes en el futuro, son personal de almacén y reparto, cajeros, operarios de fábrica, personal de atención al cliente o colectividades, personal sanitario especializado y perfiles IT ante la generalización del trabajo desde los hogares…

No existe profesión u oficio pequeño, sino actitud, destreza y crecimiento en cualquier esquina donde queramos realizarnos y aportar. Eso sí, Adecco recuerda que todos los perfiles requieren mentalidad de adaptación al cambio, trabajo en equipo y capacidad de aprendizaje, debido al entorno tan cambiante en el que desarrollan sus funciones.

Afuera, las circunstancias seguirán siendo difíciles. ¿Estás listo para cambiar?

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En primer lugar, tú

POR ISMAEL CALA

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“El gran encierro” podría ser una película, pero es probablemente el nombre con el que recordaremos esta etapa de nuestras vidas. Salvo designio superior, la mayoría podrá contar la historia a sus descendientes, según su experiencia vital y las enseñanzas de la crisis.

Unos pasan el confinamiento frente al televisor, acumulando grasas o lamentando su “suerte”; otros, no dejan de comer ni de entretenerse con las fabulosas series de moda, pero aprovechan intensamente esta especie de retiro para repensar su vida. ¿El tiempo que nos ha regalado la pandemia es solo para enajenarnos o para ganar una oportunidad de reflexión autocrítica?

Mi gran amiga, la cantante hispano-argentina Chenoa, lo ha resumido brillantemente en una entrevista reciente: “Me estoy conociendo mejor, es un momento adecuado para experimentar cómo queremos estar (…) Podemos salir de esto, somos capaces de aprender, tenemos coraje y valentía”.

Su conclusión es lo que llamo un despertar de conciencia. Jamás olvidemos que el despertar llega a nosotros, por lo general, después de tocar fondo y justo antes de la plenitud. Pero, ¿qué elementos deberíamos valorar en las reflexión durante el aislamiento?

¿Dónde estoy en mi vida hoy? ¿Cuánto me valoro y me amo? Debemos ser un perfecto columpio, que se mece entre dar y recibir. Ser capaces de ponernos en primer lugar, pero no de manera egoísta. El amor propio es la base del amor incondicional que compartimos con otros. Así, siempre mantendremos la energía vital que nos permite amar sin reservas, sin resentimientos.

¿Qué sucede cuando no me quiero lo suficiente, cuando no hago silencios frecuentes para conectar con mi esencia divina? Tarde o temprano, empiezan a crecer dentro resentimientos sutiles, que no sabemos identificar. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué no siento alegría, a pesar de que estoy feliz con mis hijos y mi pareja? Lo que falta es ponernos en primer lugar, entender y escuchar nuestras necesidades, y no solo las familiares o del entorno.

A raíz del primer aniversario de la plataforma de cursos online www.Cala.Academy, numerosas personas y medios de comunicación me han preguntado cómo aprovechar la cuarentena para reencontrarnos con nosotros mismos. Espero, al menos, haber despertado su curiosidad.

Para ser felices, el amor propio debe superar la necesidad de aprobación social. Debemos zafarnos, con todas sus consecuencias, del ranking de popularidad.

 

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Salud mental: El día después

POR ISMAEL CALA

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No será posible regresar a la misma situación de 2019. Cualquier diagnóstico pasa por aceptar la realidad, sin resistencias inútiles, pero siempre en modo proactivo. Con ojos y oídos bien abiertos.

Aceptar lo que no podemos cambiar, no significa meternos en la cama a llorar. El Covid-19 llegó a nuestras vidas tras errores fatales en casi todas partes. Populistas de izquierda y de derecha, por igual, han insistido en negar las evidencias y han puesto en riesgo a millones de personas.

Hace unos días, en un evento virtual de la Fundación Ismael Cala, el Dr. Marcos Espinal, alto directivo de la Organización Panamericana de la Salud, recordó un tema poco abordado hoy: la importancia de la salud mental en las medidas globales contra la pandemia.

Las tragedias siempre esconden temas supuestamente no prioritarios, cuyos afectados a veces ni aparecen en las estadísticas. Por ejemplo, las víctimas hospitalizadas y curadas de coronavirus, que muy probablemente padecerán estrés y ansiedad durante largo tiempo.

Afortunadamente, ya existen investigaciones en fase temprana. En China, un estudio con 714 pacientes, publicado en la revista “Psychological Medicine”, halló síntomas significativos de “estrés postraumático asociado al virus” en el 96,2% de los casos.

“Estos síntomas pueden conducir a resultados negativos, como una menor calidad de vida y al deterioro del desempeño laboral”, alerta la investigación.

Esa realidad, como el propio virus, los trastornos emocionales traspasan cualquier frontera. El 22% de los adultos británicos se declara aterrado por la pandemia y el 30%, asustado. Mientras tanto, el 62% siente ansiedad o preocupación, según encuestas divulgadas en Londres.

Por ello, la Fundación de Salud Mental del Reino Unido dedicará una semana especial a la “amabilidad”, para discutir “el tipo de sociedad que queremos formar a medida que salimos de la pandemia”.

“La amabilidad es fundamental para nuestra salud mental. Tiene el potencial de unirnos, con beneficios para todos, particularmente en momentos de gran estrés”, explica Mark Rowland, director ejecutivo de la organización.

Cicerón afirmaba: “Hay enfermedades del alma más perniciosas que las del cuerpo”. Y es que la gran mayoría de la población sana rebasará el coronavirus; pero, ¿después qué?

Los pacientes dados de alta demorarán en recuperarse de la amarga experiencia. Otros conflictos y guerras nos indican el camino, para no descuidar la salud emocional de los supervivientes. Curar las heridas mentales es prioritario para llevar una vida digna.

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La jungla de las “fake news”

POR ISMAEL CALA

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No. La foto del expresidente Evo Morales no aparece en la portada de mi libro “El analfabeto emocional”, como aseguraba una falsa noticia ampliamente distribuida en Bolivia en estos días. Resulta asombroso el tiempo con el que cuentan algunos para inventarse historias y convertirlas en tendencia.

Afortunadamente, la iniciativa Bolivia Verifica se ocupó de desmentir la historia. Al igual que hizo AFP Verifica con el poema “Esperanza”, del presentador y comediante Alexis Valdés. Una campaña malintencionada primero atribuyó el poema a Mario Benedetti y luego a una supuesta autora del siglo XIX. Ni una cosa ni la otra.

Por ello, si alguien hoy me informa una noticia importante, solo atino a preguntar: ¿quién lo publica? ¿Cuál es la fuente? Es decir, antes de evaluar el supuesto acontecimiento, quiero saber de dónde viene, si lo publica un solo medio (y cuál) o si ya es de general conocimiento.

Es lo mínimo que deberíamos hacer al enterarnos de un hecho, por cualquier vía, antes de compartirlo o tomar decisiones. Sencillamente, porque hay bulos y fake news que incluso matan, sobre todo durante una pandemia como la que padecemos.

En España, uno de los epicentros del Covid-19, se reenvió masivamente la foto de siete niños muertos. A su lado, un texto aseguraba que habían fallecido tras probarse en ellos una nueva vacuna contra el coronavirus. Mientras llegaba el desmentido oficial, el bulo había volado hacia todos los confines.

De acuerdo con la Red Internacional de Verificación de Datos, nunca antes se vio algo así. En Argentina, durante la campaña electoral, se detectaron 100 noticias falsas en unos 10 meses, con 150 medios involucrados. Ahora, con el coronavirus, la cifra se ha multiplicado por 350, dijo Cristina Tardáguila, directora asociada de la organización, al periódico “Expansión”.

Siempre han existido medios especializados en la mentira (y lectores gustosos de las teorías sin verificar). Sin embargo, ahora que todos somos “medios”, ¿asumiremos la responsabilidad que las nuevas tecnologías han depositado en nuestras manos?

Según los expertos, la mayor parte de las fake news nacen en laboratorios de desinformación pagados por gobiernos, partidos u otras organizaciones. Se fabrican con objetivos políticos, para sembrar el caos, movilizar o desmotivar, según el caso. Pero, sinceramente, ellos no existirían sin nosotros. Si un algoritmo nos muestra una mentira, ¿cuál es nuestra capacidad de discernimiento? Ante la duda, ¿cómo nos atrevemos a dar like o compartir?

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¿Democracia en apuros?

POR ISMAEL CALA

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Una de las grandezas de la democracia es la separación de poderes. Si un dirigente —y digo dirigente, porque jamás será un verdadero líder— intenta cambiar a su antojo las reglas del juego, el sistema lo frena. O al menos así sucede donde las instituciones muestran consistencia.

Entonces, ¿cómo es posible que determinadas actitudes antidemocráticas o irrespetuosas reciban el respaldo de algunos ciudadanos?

Según el Barómetro de las Américas, solo el 57,7% de los latinoamericanos expresa su apoyo a la democracia. Las cifras resultan preocupantes, en un continente históricamente maltratado por dictaduras militares. Todos deberíamos recordar a Winston Churchill cuando afirmó: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”.

Hace unos días, el presidente salvadoreño Nayib Bukele pretendió imponer una votación al Congreso. Y, como no lo consiguió, convocó a los militares y llamó a la insurrección. ¿Qué sucedería si todos hicieran lo mismo ante cada votación presupuestaria perdida?

Es evidente que El Salvador necesita nuevas políticas para frenar la violencia. Sin embargo, por muy apremiante que sea el objetivo, los gobernantes deben respetar las normas y simplemente hacer política para sacar adelante sus proyectos. El otro camino es la selva, da igual si gobierna la derecha, el centro o la izquierda.

Quienes piden violar las normas, parecen decir que “perdonan” las ilegalidades, siempre y cuando el infractor sea “su” presidente preferido. Resulta increíble que tal debate suceda en El Salvador, un querido país que bien conoce, lamentablemente, la tragedia de la guerra.

Tampoco hay que ir muy lejos para encontrar a políticos inflados de ego, dispuestos a deteriorar la cordialidad inherente a la democracia. Todos vimos al presidente Trump negar el saludo a la speaker del Congreso de EEUU, Nancy Pelosi. Y también vimos a Pelosi romper el discurso del presidente. ¿Qué lecciones de convivencia ofrecen a la ciudadanía, que los observa como ejemplos de éxito?

Ver al adversario político como enemigo es una muestra de analfabetismo emocional que envía un mensaje equivocado. La ciudadanía “contrata” a los gobernantes para resolver sus problemas, crear riqueza material y espiritual y trabajar por la armonía social; no para dividir, ni sembrar la semilla de la discordia. Cada gesto negativo, personificado en dirigentes políticos, empresariales o sociales, destroza la educación cívica. Lo que demora años en conseguirse, si es que se consigue, puede perderse en un minuto.

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Dos virus peligrosos

POR ISMAEL CALA

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La Organización Mundial de la Salud ha decretado la emergencia internacional por la incidencia del coronavirus. Hasta el momento en que escribo esta columna, se cuentan más de 20.000 afectados y más de 400 fallecidos.

Los datos nos alarman, pese a que la mortalidad del virus es muy inferior a la de una gripe tradicional, según los expertos. En mi opinión, la percepción de riesgo se agrava por la habitual escasa transparencia de las autoridades chinas, por las dimensiones y la población del país y por las posibles mutaciones del virus.

Toda precaución es poca, porque vivimos en un mundo global, interconectado e interdependiente. Un estornudo en una pequeña aldea puede convertirse en un catarro en la otra punta del planeta. Sin embargo, los niveles de xenofobia y odio contra ciudadanos asiáticos resultan preocupantes.

Decenas de imágenes en redes sociales denuncian estos hechos. El hashtag #nosoyunvirus ilustra el enfado de los chinos residentes en otros países, frente a las demostraciones racistas que sufren a diario. No hay que olvidar que la xenofobia tiene básicamente su origen en la ignorancia. He aquí el segundo virus.

En Europa, sobre todo, muchas personas con rasgos asiáticos han sido insultadas en el transporte público con frases gruesas y con peticiones como: “chino, vete a tu país”, “ponte mascarilla” o “no salgas a la calle”.

Algunos de los insultados incluso nacieron en Europa y jamás han puesto un pie en el país de sus ancestros. Todo se reduce al físico, a la apariencia, a la simpleza de culpar de todos los males al “diferente”. Como dijo el genial Orson Welles, “el odio a las razas no forma parte la naturaleza humana; más bien es el abandono de la naturaleza humana”.

Hace unos días, la oficina de Michelle Bachelet, alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, publicó: “Es comprensible alarmarse por el coronavirus. Pero ningún miedo puede excusar los prejuicios y la discriminación contra las personas de ascendencia asiática. Luchemos contra el racismo, desafiemos al odio y apoyémonos mutuamente en este momento de emergencia de salud pública”.

Conozco China, sé de sus complejidades territoriales y de sus tradiciones alimentarias. Pero una cuestión es precaver, adoptar medidas sanitarias y gestionar las fronteras, y otra cebarse contra cualquier ser humano de ojos rasgados que se nos cruce por la calle. Dejemos a las autoridades trabajar en los planes preventivos, participemos activamente en las recomendaciones de salud, de la manera más positiva posible. Mantén la calma, respira y medita.

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Blindaje frente al rumor

POR: ISMAEL CALA

Los seres humanos siempre hemos sido proclives a inventarnos realidades. Unas veces por intereses políticos o económicos, otras por pura diversión, y algunas para explicar situaciones que escapan del entendimiento más racional. Pero, vayamos por partes.

Las fake news son tan viejas como el periodismo mismo. En 1835, el periódico New York Sun comenzó a publicar reportajes sobre supuestos descubrimientos en la Luna. Esta serie se considera uno de los engaños mediáticos más famosos de todos los tiempos.

Vivimos una época de rumores y malas intenciones. A veces me pregunto, ante notas y links que llegan por WhatsApp o redes sociales, ¿pero esto qué es? ¿De dónde sale? ¿Quién lo dijo? ¿Qué otras fuentes lo han publicado?

Las fake news han llegado a tal nivel de sofisticación que parecen reales. Están escritas por expertos y siempre tienen un objetivo oculto. Hace poco, durante un viaje por España, oí hablar de una web que fabrica titulares sobre la supuesta muerte de famosos. Lo hace periódicamente, y pocas celebridades se han salvado de sus esquelas mortuorias. Aún así, hay gente que sigue compartiendo compulsivamente su contenido.

No toda la culpa es de políticos o medios inescrupulosos. ¿Nunca has compartido una recomendación médica, de esas que lo curan todo, previamente enviada por un amigo o familiar? ¿No has visto las infames campañas contra las vacunas infantiles, puestas en la diana como supuestas causas de otras enfermedades? Resulta intolerable jugar con la salud de las personas.

La BBC, meca del buen periodismo, creó una guía para detectar, por ejemplo, las falsas estadísticas. Sus sugerencias incluyen escuchar el instinto, estudiar los antecedentes, entender lo que se dice, poner las cosas en perspectiva, mantener la curiosidad y hacer un seguimiento hasta la fuente original.

Algunos dirán que es un trabajo excesivo, pero la democratización de la comunicación, que permite a cualquiera convertirse en emisor de mensajes (algunos influencers tienen más seguidores que importantes medios convencionales), implica un gran compromiso social. Quienes usamos Twitter, Facebook, Instagram o WhatsApp, debemos ser tan responsables del contenido como CNN o The New York Times.

Las leyendas inspiradoras no son fake news, siempre y cuando se presenten como lo que son: parábolas o ficciones empoderadoras. De vez en cuando leemos una muy compartida: la foto de una manada de lobos, donde “los viejos y enfermos caminan por delante para establecer el ritmo”. Al final, supuestamente, va el líder alfa, que “asegura que nadie queda atrás. Siempre está listo para correr en cualquier dirección para proteger”.

La lectura es hermosa, porque explica bien el papel de un verdadero líder, pero los expertos afirman que es ficticia. En la historia real, el líder alfa va delante, para abrir paso a los demás lobos en la espesa nieve. De cualquier forma, en este caso, el resultado nos invita a repensar el liderazgo. La ficción, eso sí, no puede presentarse como una realidad.

 

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Un Liderazgo impostergable

POR ISMAEL CALA

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Muchos consideran que el liderazgo político padece una crisis permanente y que, dados los graves problemas del mundo, estamos en fase crítica. Incluso algunos, quizás exageradamente, opinan que vivimos un franco retroceso, o peor que hace veinte años.

Con la mano en el corazón, admitamos que los seres humanos siempre tendemos a pensar que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y no culpo a quienes lo creen, porque nuestras comparaciones están mediadas por sentimientos, creencias y circunstancias personales. Evidentemente, cada persona es una historia diferente. Sin embargo, abonarse al catastrofismo —o también a la complacencia— impedirá cualquier vida feliz anclada en el presente.

En los últimos 25 años, “más de mil millones de personas lograron salir de la pobreza extrema, y actualmente la tasa mundial de pobreza es la más baja de que se tenga registro”, según el Banco Mundial. No obstante, hay que aclarar que el problema no se resuelve de igual modo en todas las regiones del planeta.

El organismo internacional insiste en algo fundamental: para acabar con la pobreza son necesarias inversiones, fortalecimiento del capital humano y un crecimiento inclusivo. Y yo añadiría que una mayor conciencia sobre lo conseguido y lo que nos falta.

En este sentido, ¿qué rol juega el liderazgo político en estos tiempos?

Recientemente fui invitado a la toma de posesión de Alejandro Giammatei, el nuevo presidente de Guatemala. En ese país, la Fundación Ismael Cala desarrolla de forma pionera “El vuelo de la cometa”, un proyecto de inteligencia emocional en las escuelas públicas.

Allí conversé con Iván Duque, el presidente de Colombia, a quien adelanté la idea de llevar a su país el exitoso programa, del cual ya existen resultados medibles. Estamos en un punto en el que no es suficiente saber. El conocimiento general es imprescindible, pero la sociedad avanza hacia un modelo en el que resulta impostergable la educación emocional, basada en la empatía y en la compasión.

Cruzarnos de brazos es el camino más directo a las pandemias de ansiedad y estrés, al suicidio, a la violencia y al sálvese quién pueda. Necesitamos un liderazgo que entienda dichas realidades, si deseamos un futuro estable para América Latina.

Como dijo el creativo norteamericano Rob Siltanen, “la gente que está lo suficientemente loca al creer que puede cambiar el mundo, es la misma que lo logra”. En ese camino estamos.

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Reenfocar la adversidad

POR ISMAEL CALA

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Para qué negarlo. Las adversidades atormentan incluso al más sosegado de los seres humanos, simplemente porque nadie disfruta sufriendo —aunque hay excepciones—, ni siembra obstáculos en su contra conscientemente.

Con toda probabilidad, tendremos adversidades y obstáculos a lo largo del camino. Hay que contar con ello, dar la vuelta a la tortilla y centrarnos en las consecuencias positivas que pudieran extraerse. Pobre del que, apesadumbrado por los golpes de la vida, sea además incapaz de obtener aprendizajes tras los fracasos.

En una entrevista reciente para los canales MegaTV y VePlus, la cantautora panameña Erika Ender me confesó que sus divorcios resultaron dolorosos, pero al mismo tiempo fecundos para su obra musical.

“Las experiencias son enriquecedoras para escribir”, me dijo la popular co-autora de Despacito.

Tras su primera separación compuso la canción Cinco minutos, ganó el Billboard en 2009 y estuvo 52 semanas en los primeros lugares. Luego del segundo divorcio vino Ataúd, el single de Los Tigres del Norte, que le proporcionó el Grammy Latino.

Y es que las relaciones humanas son como los planetas. Unas veces, la rotación los acerca, y otras, los aleja. La rotación no se detiene, por lo que nunca hay que tomar las cosas desde un punto de vista tan personal.

Precisamente a Erika Ender, multipremiada y creadora de conciencia, entregaremos el Premio a la Filantropía, de la Fundación Ismael Cala, en la Gala Fifty el 14 de septiembre en Miami.

No todos creen que la adversidad es el terreno más fértil de la creación artística. Es el caso de Joan Manuel Serrat, quien dice estimularse mejor cuando es libre y está feliz La opinión del gran cantautor español es muy respetable y muestra los amplios márgenes y circunstancias de la creatividad humana.

Sin embargo, obstáculos y problemas seguirán existiendo. Podemos trabajar para aminorar el impacto, educarnos para crear progreso y bienestar y aprender a rebotar después de las caídas, pero las adversidades continuarán rotando, como la vida misma.

La sabiduría popular atribuye al mariscal francés Ferdinand Foch una genial frase durante la Primera Guerra Mundial: “Mi derecha se retira, mi centro está cediendo, imposible de maniobrar. Excelente situación. Ataco».

Dejando completamente de lado la connotación militar de la idea, ¿qué más se puede decir sobre buscar oportunidades frente a la adversidad?

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Que un ‘like’ no te quite el sueño

POR ISMAEL CALA

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Instagram prepara un cambio importante en Australia, que podría extenderse al resto de países. Según ha publicado la prensa local, la red social ocultará el número de “likes” para “eliminar la competencia”. Sus ejecutivos consideran que no mostrar la cantidad de “me gusta” aliviará la “presión” sobre los usuarios.

La idea no es nueva, pero ha generado todo tipo de reacciones. Instagram asegura que los “likes” son una fuente de ansiedad para los jóvenes. Y, aunque algunas investigaciones lo confirman, ya sabemos que los asuntos complejos siempre presentan varias aristas.

En 2017, Royal Society for Public Health y Young Health Movement publicaron un informe sobre las repercusiones positivas y negativas de las redes sociales. YouTube encabezó la lista entre las más positivas, mientras que Instagram y Snapchat fueron calificadas como las más perjudiciales para la salud mental y el bienestar de los jóvenes.

El estudio pidió promover los aspectos positivos de los medios sociales y mitigar los potencialmente negativos, entre ellos los relacionados con la ansiedad, la depresión, la soledad y el acoso. No se trata, en modo alguno, de censurar su totalidad. Las investigaciones hablan, acertadamente, de “controles y balances para hacer que las redes sociales sean menos salvajes”.

La otra cara de la moneda viene expuesta en una pesquisa de la Universidad de Bristol, en Reino Unido. Aquí se asegura que el 78% de los encuestados usan aplicaciones de teléfonos inteligentes para apoyar su bienestar mental.

Entre ellas, los participantes mencionaron aplicaciones de relajación y mindfulness, especialmente las que proporcionan actividades guiadas de meditación o ejercicios de respiración. Esto significa que mucha gente ya valora el impacto positivo de dedicarse tiempo a sí mismas a través de las nuevas tecnologías. Personalmente, siempre utilizo aplicaciones de meditación y, dentro de unas semanas, estrenaré mi propia app para celulares y tabletas.

Es evidente que la tecnología no es ni buena ni mala en sí misma. Sus consecuencias dependen del uso. Sin embargo, debemos admitir un grave problema: las cuestiones éticas y emocionales, inherentes a las redes sociales, brillan por su ausencia en los sistemas educativos. También se echan en falta en los debates intrafamiliares.

Ni Instagram es el infierno, ni YouTube, el paraíso. Si nos preparamos adecuadamente y usamos el sentido común, seremos capaces de manejarnos bien en las redes sociales. Únicamente así mantendremos a raya la ansiedad, la depresión, la envidia y la competencia insana.

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