Un regalo muy especial

Lizzette Diaz

La vida me sorprende todos los días y cada vez aprendo una nueva lección, lo que significa que estoy viva, porque he llegado a la clara conclusión que la vida -sin importar los años que tengas- es una experiencia diaria de aprendizaje. Ahora que la temporada festiva está en pleno apogeo, he tenido la bendición de ser invitados a varios eventos de Navidad. En Colombia en muy tradicional la celebración de las Novenas, como en México son las Posadas, pero no sabía que tan parecidas eran las novenas ecuatorianas a las nuestras, hasta el domingo que mi querida Mandy Merritt me invitó a la de su casa -ya lo había hecho en años anteriores pero no había podido asistir- y aunque es muy similar a la colombiana tienen algo muy lindo que la hacen diferente, pues resulta que el primer día de la novena se escoge a una Madrina -o padrino- del Niño Jesús quien es la persona encargada de ponerlo en el pesebre alrededor del cual se realizan los rezos las nueve noches previas a su gran nacimiento.

En esta oportunidad tuve el honor de ser escogida como la madrina del Niño Jesús en casa de Mandy. La cosa pudiera parecer algo simple o superficial, hasta que te das cuenta el profundo significado cristiano que tiene para los ecuatorianos esta designación: no todo el mundo es elegible para dicha tarea, la persona que te escoge debe sentir un profundo cariño por ti y de verdad estar en su corazón pues para ellos, la madrina o el padrino, será la persona por la que orarán durante toda la temporada y la que estará en primera línea de sus peticiones. Al llevar al Niño Jesús hasta su pesebre, sentía como todas las miradas me seguían repletas de gozo y fe, fue una linda sensación de paz y conexión espiritual con Dios y con las personas que estaban a mi alrededor, realmente fue una linda experiencia que va más allá de lo racional. Para quienes tenemos la firme convicción que el Amor de Dios se manifiesta en cada pequeño detalle que la vida nos regala, haber sido escogida como la madrina de nuestro pequeño Jesús me llenó de una profunda emoción, pero además de un gran compromiso conmigo misma para intentar ser cada día un mejor ser humano.

Hoy quiero compartir con ustedes este bello regalo de Navidad que he recibido, sin duda único y especial, por su gran significado espiritual. Espero que las enseñanzas que Jesús nos recuerda durante esta temporada de Adviento continúen vivas en nuestros corazones por el resto del año: que la caridad, la fe y la esperanza no se vistan de verde solo durante esta época, sino que seamos capaces de entender que El vive en nuestros corazones cada día y que debemos estar dispuestos a recibirlo a cada instante. Que el orgullo, la soberbia, la falta de amor al prójimo, la falta de perdón, la hipocresía, el desdén, la ira y todos esos sentimientos que albergamos en nuestros corazones terminen cediendo ante el amor, la bondad, la fe, la esperanza, la humildad y la fortaleza que harían de este mundo un Planeta emocionalmente sano. Siempre he dicho que todos tenemos un poco de Dios y un poco de Diablo, así que mi mayor deseo para esta Navidad es que el diablito que tenemos dentro se pierda cada vez más en nosotros, hasta controlarlo totalmente. Es una tarea difícil, porque lo más sencillo es ceder ante tantas presiones, preocupaciones y decepciones, pero lo que realmente nos invita esta maravillosa época es a reflexionar hasta qué punto hemos permitido que estos sentimientos dañen nuestras vidas y la de las personas que amamos y que a menudo herimos tanto. Gracias Mandy por este regalo maravilloso que me has dado a mi familia y a mí. Gracias por ponerme en tus oraciones y por haberme dado la oportunidad de compartir tan linda tradición. Qué Dios bendiga abundantemente sus hogares y los llene de la luz y el amor que nos irradia desde su humilde pesebre donde nos enseña los verdaderos valores de la vida para alcanzar la eternidad.